Descubriendo el desierto de Atacama

Continuando con nuestro ascenso hacía el norte de Chile ahora nos dirigimos a San Pedro de Atacama, la capital arqueológica de Chile y otros de sus lugares insignia. Tomamos un bus desde Calima y en una hora llegamos al  lugar. San Pedro es un pueblito ubicado en el desierto que lleva su nombre. El  poblado tiene un estilo colonial  y  ha sido  adaptado para el turismo, hay variedad de tours, restaurantes, hoteles, hostales y almacenes. Sus casas resaltan por su estilo rústico en su mayoría construidas en adobe con apliques modernos. Las calles son en piedra y al lado de la plaza se ubica su tradicional iglesia, una construcción que  actualmente se encuentra en restauración. Pero el atractivo real de la zona son sus alrededores,  los parques naturales, lagunas, pueblos indígenas, restos arqueológicos, volcanes  y el paisaje imponente del desierto de Atacama.

Lo que se conoce como el pueblo de San Pedro es un Aiyu u oasis en el que a sus alrededores poco a poco se fue asentando la cultura indígena de los atacameños. Está ubicado a 2436 metros de altura y en él se puede encontrar restos arqueológicos como la fortaleza “Pukara de Quitor” que está muy cerca del pueblo, a una media hora caminando,  en este lugar situado en un talud inclinado aún se pueden ver los vestigios de lo que fueron los asentamientos de los de los primeros pobladores atacameños.

Existen varios tours que llevan a conocer los destinos más atractivos, el Valle de la Luna es uno de ellos, como su nombre lo indica es un lugar llamativo por su similitud con la superficie lunar, inmensas  formaciones rocosas  conforman distintos  relieves, estratificaciones, afloramientos salinos además de campos de dunas que se extienden por todo el valle, esto como resultado de los intensos procesos de erosión y desgaste que durante aproximadamente un millón de años se han desarrollado en la zona. El invierno es el protagonista en esta época del año y le da un toque distinto al paisaje que ahora está cubierto de nieve, sin embargo el viento ha hecho lo suyo y después de una tarde de juego con la dama blanca ha dejado al descubierto los colores terracota, naranja y cafe que estaban unas horas antes escondidos. La luna nos acompaña en esta tarde fría haciendo presencia, vigilante permanece en este santuario natural.

Ahora mi mirada se concentra en el majestuoso Licancabur, el volcán insignia de Atacama, lleva un abrigo blanco al igual que el resto del desierto, con sus 5916 m.s.n.m es visible desde cualquier lugar, es el rey del desierto y de la cadena volcánica que sirve de límite geográfico entre Bolivia, Chile y la Cordillera de los Andes. Se estima que en el territorio chileno hay cerca de 3000 volcanes.

Al siguiente día seguimos descubriendo el desierto, mientras se avanza se puede contemplar la variedad de fauna que vive en la zona, cuando menos lo esperas un grupo de vicuñas te sorprende mientras admiras el paisaje, lo mismo sucede con las llamas, los zorros, vizcachas y otros animales que transitan tranquilos por todo el territorio.  Me pierdo en las montañas, no puedo dejar de mirarlas, ellas hoy lucen un traje amarillo verdoso que se extienden por sus laderas, ya falta poco para llegar a la Reserva Nacional de los Flamencos. Nos bajamos y nos dirigimos hacía la Laguna Chaxa ubicada al sur de San Pedro de Atacama, a medida que nos acercamos vemos en sus aguas azules y cristalinas el reflejo de un volcán y en otra parte de ella  algunos de los 10 mil flamencos chilenos que existen en la zona, caminan lentamente en búsqueda de su alimento matutino, quedamos perplejos con el regalo que hoy la naturaleza decidió brindarnos al visitar este mágico lugar.

El desierto de Atacama es un telar de colores, aunque hay partes desérticas en las que los visos naranjas y rojizos cobran vida éstas contrastan con los rebaños de llamas que corren y a su paso van dejando un pequeño destello con un tono arcoíris; las llamas son blancas, cafés y negras pero la mayoría de ellas llevan en sus orejas un colorido adorno que resalta su belleza.  Cuentan los lugareños que las llamas tenían como costumbre comerse las flores; un día una llama se acercó a una flor para comérsela y pudo percibir que la flor lloraba, la llama al ver esto le preguntó a la flor cuál era la razón de su llanto, la flor entonces le contestó, si me comes el altiplano va a perder su vida, color y alegría, al escuchar esto la llama se arrimó a su dueño, el pastor al ver la llama le preguntó que había pasado, y ella le dijo que estaba triste porque se había comido la flor y con ello la viveza del desierto, entonces su dueño le explicó que no se preocupara porque de ahora en adelante ella llevaría consigo el color. Es por esto que  desde entonces las llamas son decoradas y esto es lo que se conoce con el nombre de  ‘floramiento’. En Bolivia existe el mismo ritual y las llamas también embellecen con sus adornos los lugares en lo que hacen presencia.

Las lagunas del desierto también son protagonistas, cada una es especial por el paisaje que la acompaña como las lagunas altiplánicas, Miscanti y Miñiques, la primera de ellas esta época del año está cubierta por hielo, aunque hay partes en las que se puede ver el azul intenso del agua, en las dos el contraste con su vegetación tipo páramo y los volcanes a su alrededor crean un cuadro visual que deslumbra los sentidos.

Lo mismo pasa con los Géiseres del Tatio, antes de llegar a este lugar tenía mucha curiosidad, no había visto ninguno y las fotos que se muestran en los folletos eran bastante llamativas. Para poder apreciar mejor la magnitud de este espectáculo natural el tour ese día nos recogió a las cuatro de la mañana, fueron casi dos horas de trayecto y según el guía ésta era la mejor hora para así divisar en toda su imponencia los géiseres.  Al ingresar se empieza a ver pequeños espacios de los que sale humo, cuando uno se acerca se aprecian pequeños montículos con un orificio en el que hay agua en ebullición a 85 grados  centígrados aproximadamente, por estas fisuras sale el humo que alcanza a tener unos 10 mts de altura, es como ver una serie de mini volcanes por todo el rededor en plena erupción. El frío en la zona es intenso, ese día estaba en -10 grados bajo cero.

Con mucho cuidado nos acercamos a los géiseres, como es muy liso a los lados se recomienda estar a una distancia prudente, según nuestro guía en una ocasión un  turista se acercó demasiado, resbaló y cayó adentro, el accidente fue mortal. Seguimos las indicaciones y con cuidado tocamos la tierra que está cerca de los géiseres, es delicioso sentir el calor en las manos y la sensación atenúa un poco el hielo que se siente a esa hora de la mañana. La experiencia es increíble, las imponentes fumarolas de los géiseres son protagonistas en esta zona arenosa que de repente cobra vida junto con el paisaje, es un amanecer frío y caliente en el que el color, el humo y las sombras danzan juntos en esta parte del desierto.

Son muchos los lugares que se pueden apreciar en Atacama, el desierto está cargado de majestuosos regalos naturales además de sus pintorescas poblaciones que resaltan por sus casas e iglesias construidas en adobe, en estos poblados se puede disfrutar también de un delicioso pincho de llama u otros productos típicos atacameños. Finalmente quisimos visitar la Laguna Cejar, conocida por ser un lugar en el que al sumergirse se puede flotar, esto debido a la gran concentración de sal que hay en sus aguas, sin embargo no pudimos llegar debido a las condiciones climáticas de ese día; en Atacama son comunes las tormentas de arena y cuando esto sucede es muy difícil movilizarse e incluso caminar.

La verdad estaba incrédula al respecto y ese día antes de salir nuestro guía nos explicó que no creía que pudiéramos llegar porque había mucha ventisca pero igual la idea era tratar, empezó el viaje y llegó un punto en que no se veía nada, ni siquiera el camino, todo a nuestro alrededor era arena, incluso sentimos un poco de miedo porque el viento era demasiado fuerte y golpeaba los vidrios de la camioneta, el guía nos preguntó si queríamos seguir avanzando, nos miramos unos a los otros y dijimos que no, la verdad era una locura continuar. Terminamos nuestro viaje por las agrestes tierras atacameñas felices y como siempre con muchas ganas de volver.

Para ver más fotografías.

3 comentarios en “Descubriendo el desierto de Atacama

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