Tupiza la joya linda de Bolivia

Desde Uyuni nuestra primera parada en Bolivia nos dirigimos a Tupiza un pueblito conocido por tener un paisaje encantador a su alrededor. En Uyuni los buses para ir a este lugar salen o muy tarde de la noche o en las primeras horas de la mañana. Existe también la opción de tomar el tren, pero este sólo sale en la noche. La gente nos recomendó el tren porque según ellos la carretera es peligrosa, pero descartamos esta alternativa porque íbamos a llegar en la madrugada. Así que sin más preámbulos nos dirigimos a la improvisada estación de buses que hay en el lugar y en la primera agencia que vimos con destino a Tupiza compramos nuestros tiquetes, pensamos que era la única porque en las otras no tenían aparentemente este destino.

Nos levantamos muy temprano al día siguiente el bus salía a las 6 de la mañana, llegamos al terminal y encontramos que había tres empresas más, una con un bus muy viejo y las otras dos con autobuses un poco más modernos y en buenas condiciones, pensamos que nuestro viaje sería en uno de esos pero al preguntar nos señalaron el transporte más estropeado, nos acercamos y era evidente el desgaste, sin embargo la gente de la zona se incorporaba rápidamente en sus respectivos asientos, nos miramos con mi esposo y pensamos lo mismo, parece que se va a desbaratar, nada que hacer era muy tarde para arrepentimientos así que nos subimos.
Unos minutos después y muy puntual la flota arrancó, a medida que avanzaba empezamos a sentir un zarandeo fuerte y constante, definitivamente hacía mucho tiempo que ese colectivo había dejado de ser un último modelo, cero amortiguadores y  nuestras sillas ahora se movían sin parar, nos reíamos con mi esposo y pensábamos, parece una de esas sillas que dan masaje solo que a diferencia de éstas en nuestro caso no eran cómodas y la  velocidad era extrema.

Aparte de la incomodidad de los puestos empezamos a sentir el frio que se colaba por las rendijas de la ventana, si notamos que la gente llevaba consigo cobijas y grandes abrigos pero no imaginamos que la temperatura descendiera tanto y aunque ambos llevábamos chaquetas éstas no eran suficientes, mis piernas se congelaban al igual que el resto del cuerpo, nada que hacer era demasiado tarde para pensar en una solución, estábamos en medio de la nada, aún estaba oscuro y por supuesto el bus no iba a hacer ninguna parada, la única esperanza esperar a que el sol hiciera su maravillosa entrada por nuestras ventanas. Mientras permaneció oscuro no entendíamos el temor que los pobladores de Uyuni manifestaban con respecto al camino pero cuando la luz finalmente salió pudimos ver que estábamos bajando por un cañón en el que la carretera era extremadamente angosta y sin pavimentar, mire por la ventana y lo único que observaba era un gran abismo en medio de las montañas, estaba aterrorizada, el bus pasaba por el orillo de la vía, pensaba unos centímetros más y terminamos abajo. Yo le apretaba el brazo a Jess y le decía, mira qué peligro, apenas me miraba con una sonrisa y me contestaba, mejor no mires, cosa que era imposible para mí que iba al lado de la ventana y ese era mi único panorama.

La senda es tan estrecha que antes de llegar a una curva el conductor del autobús pita varías veces para avisar a los transeúntes que vienen subiendo y cuando se encuentra finalmente con un carro en sentido contrario a uno de los dos le tocaba arrinconarse junto al cerro para que el otro pueda pasar. En ese instante empecé a entender los comentarios previos de la gente sobre los accidentes en esta ruta y el porqué de las numerosas cruces y pequeñas tumbas ubicadas a la orilla del camino, un recordatorio constante para los viajeros sobre  el riesgo que corren al transitar por allí.

Después de no sé cuántas horas que le tomó al bus bajar el cañón finalmente llegamos a un pueblito incrustado en medio de las montañas llamado Atocha, nos explicaron que íbamos a hacer transbordo y que teníamos que esperar a que saliera el siguiente bus a Tupiza. En el lugar el frío era inclemente pero aprovechamos la pausa para sacar más abrigos.  Finalmente llegó el colectivo que relevaría al que nos trajo desde Uyuni y retomamos el camino. Ahora la vista era distinta y el trayecto plano, pasamos por varios pueblitos, todos muy pintorescos, parecían como pesebres incrustados en las laderas de los enormes montículos ubicados detrás de ellos. Debo decir que a pesar de las condiciones de la carretera el paisaje que se contempla es maravilloso y se puede apreciar los diferentes cañones, valles y acantilados que hay en toda la zona.

A pesar de las incomodidades y el susto del trayecto llegamos a Tupiza, este es un poblado muy agradable y aunque se siente frío no es tan fuerte como en Uyuni, en el día se puede sentir calorcito, es un lugar limpio y acogedor con variedad de restaurantes y a pesar de lo inhóspito de la zona porqué está en una región bastante seca y árida hay variedad en los platos y productos que ofrecen. Dejamos nuestras maletas en el hotel y nos dirigimos a una de las agencias de turismo para averiguar los planes para recorrer los alrededores. Finalmente decidimos hacer un tour a caballo de dos días. Cuadramos todo y al día siguiente nos reuníos con nuestro guía, un chico de 22 años, estudiante de veterinaria llamado Eric. Llegamos al establo y ahí estaban Indio, Manti, Niño Rey y un potrillo que no se separaba de ellos de nombre Máximo. Mi esposo cogió a Indio, a mí me tocó el caballo negro, Manti y el guía tomó a Niño Rey. Después de prepararnos y recibir las indicaciones correspondientes nos subimos a nuestros caballos e iniciamos nuestra cabalgata  rumbo al Valle.

Máximo el potrillo empezó a seguirnos y aunque nuestro guía trato de hacer que se devolviera no lo consiguió, así que siguió junto a nosotros por el camino.  Eric nos contó que era la segunda vez que Máximo hacía eso, la primera fue cuando era más pequeño, desde entonces siempre salía con Indio y Manti los seguía un poco y después se regresaba. Eric no entendía porque estaba vez no había querido retornar.Poco a poco fuimos ingresando en la vereda y a medida que avanzábamos disfrutamos del espléndido panorama, a lo lejos se aprecian las montañas que se concatenan unas con otras hasta formar una cordillera en la que resaltan los colores, rojos, naranjas, terracota, verdes, amarillos y grises, ellas contrastan con el suelo árido de color café claro que está cubierto por arbustos, pequeñas plantas y  cactus.

Dramatic Red Desert

Foto: Jess Kraft

El recorrido es muy divertido, transitamos por distintos senderos, cruzamos por la Quebrada Yumia y Quebrada Seca, los cañones del Duende y del Inca y el Valle de los Machos entre otros. Seguimos cabalgando y vemos como Niño Rey empieza revelarse y se levanta hacía atrás una y otra vez, Eric lo sostiene pero Niño Rey continúa moviéndose de un lado a otro y brinca varias veces, por momentos parece que el caballo quiere tumbar a Eric, él le corta aún más  la rienda y lo jala con fuerza, Niño Rey no cede y sigue brincando fuerte, Eric se molesta, se acerca a un árbol quita una rama y con ella lo azota varias veces hasta que logra doblegarlo, Niño Rey finalmente se calma y continuamos el camino. Eric se siente apenado con nosotros por la escena que acaba de hacer Niño Rey así que nos explica que  el problema es que este caballo es muy miedoso y se asusta con nada y es por eso que reacciona así. Yo le digo menos mal que no está con un turista porque ya lo hubiera tumbado, me dice que tengo razón, que a veces es un poco terco y a otros guías los ha hecho caer.

Galopamos lentamente y disfrutamos de la naturaleza y su encanto, sonidos vienen y van, se puede oir el trinar de los pájaros, el mugir de las vacas, el rebuznar de uno que otro burro y el sonido de los riachuelos que vamos cruzando.  Es momento de descansar al lado de la puerta del diablo, mientras tomamos fotografías Eric nos cuenta que Indio lleva con ellos apenas un año, que era un caballo de ciudad y que cuando lo compraron estaba muy flaco, su dueño lo tenía descuidado, Indio se alimentaba de la basura que conseguía en la calle y es por eso que a diferencia de Manti o Máximo si se le da un chocolate o una galleta se lo come. Hoy no quedan rastros de ese caballo de contextura enfermiza, Indio llegó a su nuevo hogar y empezó a alimentarse bien y ahora es grande, fuerte y como dice Eric, un poco gordo, es un caballo muy noble al igual que Manti y de eso nos vamos dando cuenta durante el recorrido.

Montamos de nuevo nuestros caballos y ahora nos  acercamos a un caserío de nombre Toroyo, este pueblito al igual que otros que vemos más adelante como Titihoyo, Monte y Quiriza son preciosos, en todos sus casas están hechas en adobe inclusive la iglesia, pasamos por el lado y podemos ver en uno que otro establo, burros, vacas y cabritos.  La gente con su atuendo tradicional nos saluda, las señoras van vestidas con polleras de colores y sombreros negros que adornan las dos largas trenzas que descansan en sus espaldas, algunas de ellas se escoden rápido en sus casas,  quizá es por nuestras cámaras fotográficas, desde que ingresamos a Bolivia percibimos que a la gente no le gusta que le tomen fotos, es por eso que cuando ven a un turista cruzan rápido la calle para perderse entre la gente o resguardase rápido en un lugar.

Cae la tarde y es momento de ir a descansar, nuestro hotel está en un poblado de nombre Espicaya, antes de llegar me imagino que nuestro lugar de reposo será una casita en adobe como las que hemos visto durante todo el trayecto pero no es así a medida que nos acercamos vemos un hospedaje de dos pisos con un estilo tradicional con toques modernos  y rústicos.  Detrás de la posada se ve un enorme cerro color arena y en frente un monte de colores junto con su pradera, es como contemplar una pintura, la escena es sorprendente. La casa es bastante acogedora y sus dueños dos campesinos de la zona han tratado de crear un espacio en el que los turistas se sientan a gusto desde que llegan.

Al siguiente día nos levantamos temprano y podemos sentir los estragos de cabalgar un día entero, el dolor en todas partes del cuerpo, en la cola, la espalda, los brazos y las rodillas, caminar también se hace difícil pero bueno hay que continuar y es momento de recorrer nuevos caminos y conocer otros lugares. Al subirme al caballo el dolor es más fuerte, imposible pensar en correr un poco con Manti  como lo hice el día anterior, ahora vamos muy lento y por pedazos Manti acelera pero le hablo, le toco su pelo y creo que siente mi dolor porque enseguida para y cabalga lentamente.

En nuestro camino de retorno  pasamos por un lugar conocido con el nombre de la Torre, es una roca gigante que como su nombre lo indica se asemeja a esta edificación, seguimos y aparecen otros dos pueblitos Chacopampa y Palquiza, continuamos hacía los rieles del tren hasta llegar al túnel ubicado en un lugar de nombre El Agosto y es allí en donde al cruzar una de la quebradas Niño Rey vuelve a llamar la atención, de nuevo empieza a brincar fuertemente y esta vez tiene éxito y Eric cae al agua. Desde que iniciamos el tour fueron varias las oportunidades en las que hizo lo mismo, contabilicé como 10, afortunadamente a Eric está bien, se levanta rápidamente del suelo, está todo mojado y la rabia se refleja en sus ojos, trata de acercarse a Niño Rey pero este ahora está mucho más rebelde, se mueve de un lado para otro sin parar, Eric lo golpea una y otra vez, yo me siento muy mal por el caballo pero es Eric quien es el encargado, finalmente y tras varios intentos nuestro guía logra montarlo de nuevo. Hay un silencio terrible ninguno de nosotros dice nada y continuamos, afortunadamente ya faltaban pocos kilómetros para llegar de nuevo a Tupiza.

Para ver más fotografías.

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