El legado de los jesuitas en la Región de Chiquitos, Bolivia

A medida que exploramos Bolivia vamos descubriendo otros tesoros, en esta oportunidad es el turno para el legado que la comunidad jesuita construyó en ese país y en otros como Argentina, Paraguay y Brasil a finales del siglo XVII. Vimos algunas fotos de los recintos religiosos que la misión edificó y decidimos visitar cada uno de éstos lugares en los cuales aún se conservan y mantienen en pie los templos que la Compañía de Jesús erigió con la ayuda de los indígenas de la zona de Chiquitos, como parte del proceso de evangelización que se llevó a cabo en estas poblaciones y que fue declarado por la Unesco como patrimonio de la humanidad.

Para llegar a nuestro destino tuvimos que pasar primero por dos ciudades, Sucre y Santa Cruz, la primera reconocida por su arquitectura colonial y la segunda por ser la ciudad más grande de Bolivia. Sucre es denominada también la ciudad blanca, esto debido a su impecable tono que resplandece en todo su casco histórico y el que se aprecia el lujo que sus primeros pobladores quisieron erguir en ella. Esta urbe es importante también por ser la capital constitucional de Bolivia y sede de los tres poderes legislativos, además ser el lugar en el que se llevó a cabo la firma de la independencia.

Sucre es una ciudad acogedora en la que se encuentran variedad de restaurantes, cafés y bares así como una excelente comida. Tiene también un maravilloso museo de arte indígena en el que se expone la obra artística de varios de éstos grupos étnicos que aún habitan la zona como los ‘jalqa o tarabuco’ quienes aún mantienen la tradición de confeccionar tejidos hechos a mano por mujeres y hombres. Estos tejidos se destacan por tener diversos dibujos y formas, gran colorido, además de significados; cada diseño es la representación del sentido que tiene para éstas comunidades el mundo y la forma como ellos lo conciben, es por esto que cada obra es distinta. Otro detalle interesante en este tipo de artesanía es que se puede diferenciar quien lo elaboró, tanto el hombre como la mujer tienen estilos diferentes en sus creaciones, en el que caso de las mujeres los dibujos tienen muchos detalles, en los hombres se destaca la creación de grandes figuras y la intensidad y contraste en los colores.

Nuestra siguiente parada Santa Cruz, la ciudad más grande de Bolivia. Teníamos curiosidad de conocerla, sin embargo nuestro objetivo inicial era ir a los pueblos de las Misiones Jesuitas que están ubicados a 5 horas de la urbe. Así que una vez allí emprendimos nuestra ruta rumbo al primero de los poblados, San Javier, que fue la primera misión en concebirse en el año de 1691. Al llegar a la zona nos encontramos con la hermosa iglesia que está ubicada a un lado del parque. Lo primero que llama la atención son los gravados en la parte frontal del recinto religioso en el que bajo un fondo castaño claro se disponen dibujos en colores ocre, tonos rojizos, amarillo, café y negro similares a los gráficos que se aprecian en el arte egipcio y que también se pueden encontrar en la arquitectura de los templos hindúes y tibetanos, pero con la diferencia que en éstos templos se desarrolló lo que se denomina un estilo barroco mestizo.

Al ingresar a estos maravillosos claustros tanto en su altar como en los techos y demás paredes se aprecia la combinación de la arquitectura barroca con la originalidad y la pureza del arte autóctono que plasmaron tanto los jesuitas como los indígenas en las seis iglesias que hacen parte del circuito de Chiquitos y que llevan el nombre de los pueblos, San Javier, Concepción, San José de Chiquitos, San Miguel, San Rafael y Santa Ana  que fue la última misión que los jesuitas construyeron antes de ser expulsados de América en el año de 1767.

Todos los templos mantienen una estructura similar a excepción del de San José de Chiquitos que fue construido en piedra, en las demás se aprecian pequeñas variaciones, en general todos tenían una distribución modular y una amplia plaza de entorno en la que se concentraban la iglesia, el cementerio, las escuelas, los talleres y las viviendas.

Otro detalle que llama la atención en todas las iglesias es su campanario, hecho también en su totalidad en madera y ubicado en la parte exterior justo al lado de la iglesia y como parte principal de la plaza interna. En la misión de Concepción se puede apreciar en su campanario un hermoso reloj que la diferencia de las demás.

Los indígenas fueron guiados en la realización de estas edificaciones, sin embargo, es notorio en sus creaciones la expresión de su propia cosmovisión, su mundo ajustado al proceso de evangelización al que fueron sometidos, es por esta razón que en todas las expresiones artísticas de estas comunidades como pintura, escultura, música y danza se aprecia la unión de los santos y divinidades de la religión católica junto a sus propios dioses.

Lo llamativo en estas iglesias es su particular diseño y decoración en la que resalta la incorporación de elementos naturales como la ‘madera cuchi’ utilizada en la talla de las columnas, púlpitos y cajonerías así como otros materiales como el yeso usado en los decorados de revoques planos, ondulados y falsos que se asemejan un poco al estilo barroco en los que se aprecian además adornos en forma de espirales, cenefas y caracolas, así como el uso de la piedra volcánica en algunos enclaves.

Para ver más fotografías.

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