Lago Titicaca, Bolivia

Después de una maravillosa temporada en La Paz teníamos una cita pendiente con el Lago Titicaca, desde que estaba en el colegio en clase de geografía nuestra profesora lo describía como una maravilla natural, así que la verdad tenía muchas expectativas. Es reconocido por ser el el lago navegable más alto del mundo, con una altura de 3812 msnm ocupa los territorios tanto de Bolivia como Perú. Posee un área de 8562 km² de los cuales el 56 % le corresponden a Perú y el 44 % a Bolivia. El Titicaca está muy cerca de la capital boliviana, son aproximadamente tres horas y media de viaje hasta llegar a Copacabana el puerto desde donde se accede al lago; el recorrido se divide en dos partes, la primera parte del trayecto es por carretera hasta llegar a un estrecho del Titicaca conocido con el nombre de San Pedro de Tiquina. En este lugar el bus se detiene y hay que cruzar en bote hasta la otra orilla.  Fue un momento extraño y especial porque mientras nos deslizábamos en el agua a nuestro lado también lo hacía el colectivo que nos había traído minutos antes, una vez en tierra firme  retomamos nuestros asientos y continuamos con el viaje.

Iniciamos el camino de ascenso y por pequeños tramos se puede divisar el lago, el paisaje lo complementan las grandes montañas en distintos tonos verdes, las pequeñas casas rurales, la gente con sus vestidos coloridos y la capa de azul intenso del cielo y el lago que cubre todo el fondo, una sábana de colores se forma frente a los ojos; es impresionante lo grande que es Lago, tratas de mirar por la ventana pero no se alcanza a divisar la magnitud del Titicaca. Llegamos a Copacabana y después de instalarnos en el hotel recorrimos el pueblo. Es pequeño pero hay variedad en restaurantes y un sinnúmero de almacenes en lo que se exhiben las artesanías, ropa y todo tipo de accesorios propios del lugar.

Estando allí existen varias opciones para hacer alrededor y dentro del lago Titicaca, una alternativa es alquilar una motocicleta y recorrer las montañas mientras se divisan sus aguas desde arriba, se contemplan las praderas, los cultivos, caseríos además de tres pueblitos, es una excelente opción, se pueden obtener fotos espectaculares además de apreciar la extensión del lago. La otra alternativa es ir por dentro del Titicaca en lancha, se hace el recorrido y se visitan las pequeñas  islas flotantes que están ubicadas a la orilla.

La vía desde Copacabana hasta el último poblado de nombre Yampupata que termina en el lago es solo de media hora, pero en nuestro caso  fue de dos horas, la razón es que paramos muchas veces a tomar fotografías además del tiempo que gastamos para almorzar; hay partes en las que se puede descender al lago y encontrar las pequeñas islas flotantes que han sido adecuadas como restaurantes en los que se puede disfrutar de una deliciosa trucha. Cuando se entra en las islas se siente enseguida el movimiento y al sentarse es como estar en un barco aunque en aguas tranquilas. Las islas son preciosas y están decoradas con colores vivos que se combinan con el turquesa del Titicaca  y el verde de la naturaleza que crece en el lugar.  Los dueños de estos lugares no viven allí pero tienen sus criaderos de trucha.

Whiphala flag on a hut on a floating island on Lake Titicaca near Copacabana, Bolivia

Foto: Jess Kraft. Islas Flotantes. Lago Titicaca. Bolivia.

En Yampupata el último pueblo del recorrido en motocicleta nos dimos cuenta que por ese lado también se podía llegar a la Isla del Sol que es el principal atractivo dentro del Titicaca en el lado boliviano, lo bueno de esta opción  es que el trayecto en bote desde allí era solo de 45 minutos y lo mejor que como es un punto desconocido para los turistas está siempre solo, así que teníamos la posibilidad de tener una lancha para nosotros y por un valor similar al  del tiquete que se paga en los botes que salen desde Copacabana. Mirando esta alternativa decidimos tomar el bote desde allí al día siguiente. Sin embargo, no fue la mejor elección. Tomamos un taxi desde Copacabana hasta Yampupata muy temprano, en media hora estábamos en el lago, un chico de aproximadamente unos 16 años se dirigió a nosotros y se ofreció a llevarnos, nos pareció muy económica la tarifa así que sin pensarlo nos subimos.

Todo iba bien hasta que de un momento a otro el motor de la lancha se apagó, nosotros nos miramos y pensamos, no hay problema, el chico empezó a tratar de prenderlo pero sin ningún resultado, tiraba una y otra vez del cable de encendido pero no funcionaba, estábamos en medio del Lago y veíamos  pasar a lo lejos otras lanchas, el tiempo pasaba y el chico nos miraba asustado, trató de usar su teléfono pero no tenía señal ni minutos, nos explicó que una pieza del motor se había roto y tenía que llamar a su hermano para que viniera a auxiliarnos. En ese momento pensamos, nosotros tampoco tenemos minutos, qué  vamos a hacer. El tiempo seguía pasando, el chico decidió destapar el motor y tratar de arreglarlo sin resultados, ya habíamos perdido la esperanza y la única opción posible a la vista era que alguno de los botes que pasaban llenos de turistas decidiera venir a ayudarnos. Sin embargo la realidad era que iban tan rápido que esta alternativa parecía poco realista.  En nuestros rostros empezaba a verse la preocupación, 40 minutos y nada, empecé a rezar y a pedir un milagro, parecía que era lo único que podía ayudarnos, finalmente y como por arte de magia el motor se encendió, no lo podíamos creer y el muchacho tampoco, aunque estábamos cerca, creo que fueron los diez minutos más estresantes, solo pensamos Dios mío que no se apague de nuevo y no vamos a llegar, con los nervios de punta observamos como poco a poco el barco se acercaba a la Isla del Sol.

La Isla de Sol es una gran montaña, cuando se llega al puerto se pueden contemplar en la orilla algunas viviendas y hoteles, sin embargo, la mayoría de sus pobladores habita en la parte alta, así que decidimos buscar nuestro hospedaje arriba, para llegar a la cima se accede por unas escaleras que son emblemáticas en la isla de nombre Yumani, debo decir que debido a la altura del lago la subida es bastante fuerte pero con un paso moderado finalmente se llega a la cumbre de las escalinatas en donde se aprecia una bella fuente de agua de la época precolombina. Después se sigue por otro camino hasta llegar a la cúspide de la isla y en ese momento entiendes porque sus pobladores escogen vivir allí, la vista es espectacular, quedas inmóvil con su belleza.

La mayor parte de la isla está poblada por indígenas de origen Quechua y Aymara que se dedican a la agricultura, el turismo y la elaboración de artesanías, aunque hablan español, entre ellos se comunican en sus lenguas ancestrales, usan tanto el quechua como el aymara. Dentro de los planes que hay para hacer en la isla están varias caminatas, se puede recorrer toda, es una experiencia saludable y gratificante, aparte es una excelente actividad física en la que mientras se contempla el paisaje se visitan también las ruinas de los asentamientos de los indios Incas que aún permanecen en la zona. Estos sitios arqueológicos están ubicados a lo largo de la Isla del Sol, lugares como la “Roca Sagrada” reconocida según las crónicas porque ser el sitio desde el cual se cree salió Manco Cápac y Mama Oclloa a fundar la ciudad del Cuzco. También sobresale la Chinkana o el laberinto, además del Palacio de Pilkokaina,  único por sus características constructivas.

La danza de colores hace presencia ahora, las mujeres llevan sus faldas en tono rojo que contraste con el verde de su poncho, la ocasión un intercambio cultural con una comunidad indígena que vino desde EEUU. Suena la música y poco a poco los colores se van combinando, los hombres las acompañan, ellos aunque un poco más discretos en su vestimenta siguen sus pasos. Igual los colores de sus gorros, sombreros y las mochilas que sostienen atrás contrastan con el blanco de sus camisas. Estoy sentada contemplando su alegría, con orgullo exhiben su danza a los visitantes y a los turistas que como yo acabamos de llegar de  la Isla de la Luna, otro islote pequeño que está ubicado en frente de la isla del sol.

Terminan la danza de los adultos y es tiempo para los chicos, a diferencia de los hombres los niños llevan sugestivas mascaras junto con trajes de colores, las niñas con su falda roja y un tocado de plumas los acompañan. La Isla del sol ahora resplandece, a su encanto natural se suma la alegría y entusiasmo de sus pobladores quienes comparten sus tradiciones y de paso nos  invitan a disfrutar junto con  ellos del evento.

El espectáculo finaliza y es tiempo de comer y cada una de las cholitas que se encuentran en el lugar ahora se sientan formando un circulo, ponen sus mantas de colores en el suelo y al abrirlas están llenas de comida, es hora del almuerzo, los hombres encargados de dirigir la celebración nos invitan a comer a todos los turistas, quedamos perplejos y aunque al principio sentimos pena poco a poco nos vamos acercando, la mujeres nos animan a probar sus platos,  amiga pruebe, dice una de ellas, la del lado nos mira y nos dice amigos coman; pescado, pollo, cerdo, tortillas de vegetales, de huevo, carne y queso así como diversidad de tubérculos acompañan la comida que de manera espontánea comparten con nosotros. Finalmente los lugareños también se unen y comemos juntos.

Para ver más fotografías.

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