Rurrenabaque, la entrada a la selva boliviana

Bolivia es una mezcla de lugares, belleza, cultura, gente amable y sencilla. Es por ello que durante los dos meses y medio que estuvimos descubriendo cada rincón de este hermoso país no podíamos dejar de visitar Rurrenabaque, su Amazonas, a diferencia del colombiano por su selva cruza el río Beni y otros afluentes del río más caudaloso del mundo, además de ser la entrada al Parque Nacional Madidi. Aunque en avión son apenas 40 minutos de vuelo desde La Paz, este viaje también se hace por tierra, sin embargo, puede convertirse en una travesía, la gente cuenta que puede durar hasta 24 horas o más llegar a la zona, la carretera está en muy malas condiciones y se presentan a menudo derrumbes que obstaculizan el paso vehicular por varias horas. Con estas impresiones decidimos tomar un vuelo a Rurrenabaque, la primera impresión fue nuestro pequeño avión en el que junto con el piloto y copiloto éramos 19 personas. Una ternura, dos puestos por fija nada más, para nosotros fue nuestra primera vez en un avión con estas características y a pesar de nuestros malos pensamientos sobre el aeroplano por lo pequeño  el vuelo estuvo bien.

En Rurrenabaque existen variedad de agencias de turismo que ofrecen el servicio para internase en la selva o conocer la pampa, otro atractivo que hay cerca y que no está dentro del parque Madidi, el pueblo cuenta con una buena oferta de hoteles y restaurantes y es la parada obligatoria antes de emprender la aventura hacía la selva amazónica.  Una vez allí nos dirigimos a las oficinas de una empresa que tiene una reserva privada cerca del parque, habíamos leído sobre ellos y sobresalen de otras compañías  por proteger, conservar y cuidar el habitad de la zona en la que están ubicados así como  los animales y especies que habitan en ella. En Bolivia al igual que en países como Perú, Brasil, Ecuador y Colombia el Amazonas ha sido devastado en gran parte por la explotación minera, la construcción de carreteras, la exploración y explotación de hidrocarburos y la construcción de hidroeléctricas, es por ello que se puede apreciar en gran parte de lo que se considera el pulmón de la tierra la continua y marcada deforestación, un problema que sigue vigente y que amenaza con destruir la Amazonía a largo plazo.

Decidimos tomar un paquete de cuatro días con el propósito de recorrer la selva una y otra vez, en canoa o a pie, la idea era estar atentos, disfrutar de los sonidos y si contábamos con suerte ver variedad de animales. Es interesante quedarse en medio de la selva, aunque tenía mis reservas por el tema de los mosquitos y demás bichos, después de la primera noche esta idea en mi cabeza se desvaneció. La verdad se siente mucha paz, solo se escucha el sonido de los animales en medio de la espesura de la noche y al despertarse como las cabañas no tienen paredes sino una malla especial trasparente se aprecian los arboles alrededor; nosotros fuimos afortunados y cada mañana escuchamos el sonido que emitían los monos aulladores, el mejor despertador que pudimos tener durante nuestra estadía.

Después de recorrer una de las lagunas del lugar, disfrutar del paisaje y el atardecer al siguiente día decidimos ir a pescar pirañas, bueno la idea como tal era pescarlas y devolverlas a lago de nuevo, pero si pescábamos unas grandes nos animaríamos a probarlas. Junto con Tambo nuestro guía nos dirigimos al lugar del lago donde se puede pescar, Tambo nos dio unas cuerdas de nailon con un anzuelo, eso era todo lo que necesitábamos para capturar nuestras primeras pirañas. Yo la verdad estaba como incrédula, nunca había pescado antes y menos de la manera artesanal como lo estábamos haciendo. Unos minutos más tarde y después de varios intentos fallidos por fin atrape un pez bigote, fue emocionante y sentí ganas de seguir pescando. Jess mi esposo pescó una piraña amarilla, fue todo una odisea para quitarle el anzuelo y devolverla al lago, finalmente Tambo lo logró, pobre piraña se iba ahogando.

Estábamos felices porque habíamos logrado pescar, cosa que pensamos imposible, así que con mayor ahínco tirábamos nuestro nailon, Tambo nos dijo, voy a pescar una piraña grande para que así la prueben y se dispuso a preparar el anzuelo, todo iba bien, yo pesque una piraña, mi esposo igual y cuando menos pensamos Tambo expresó tengo una grande, nos emocionamos mucho y estábamos expectantes a ver que sacaba, la sorpresa no pudo ser mayor, era una serpiente, una anaconda juvenil de color verde y de largo y gruesa como mi brazo, quedamos impresionados, Tambo nuestro guía no sabía qué hacer, nos dijo que tenía que quitarle el anzuelo pero que le daba mucho miedo que al cogerla la serpiente lo agarrara por el brazo, así que tomó su machete y después de varios intentos finalmente pudo soltarla. El susto fue terrible y más pensamos si la cría está aquí la mamá también. Aunque nos reímos un rato por la impresión y el susto que tuvimos la magia de la pesca se había perdido, tiramos el hilo otra vez pero estábamos aterrados, no queríamos pescar de nuevo la anaconda y mucho menos que se nos apareciera una más grande así que decidimos que por ese día la pesca había terminado.

Pero las sorpresas no acabaron allí, al día siguiente un tapir bebé que vive en el campamento se nos acercó y nos siguió por nuestro recorrido. Era muy dulce y de vez en cuando se perdía y empezaba a correr hasta alcanzarnos, se siente un poco de miedo, pero después nos dimos cuenta que tan pronto se acercaba paraba y seguía caminando normal. Nos acompañó cerca de dos horas, es por esto que cuando en otra de las caminatas su mamá nos siguió nos pareció normal así que emprendimos la ruta con ella, en el camino trato de darnos unos golpes con su cabeza, eso nos pareció raro y violento pero no le dimos mayor importancia, después trato de mordernos las piernas, pero bueno nos quitamos rápido y no pasó a mayores.

Todo iba bien hasta cuando llegamos a lago gringo, a los tapires les encanta nadar y más después de caminar tanto tiempo, se tiró de una, nosotros la contemplábamos mientras cruzábamos el lago, se veía tan inofensiva.  Después de visitar los mono araña que se encontraban en el otro lado regresamos a la canoa, de repente la  mamá tapir enloqueció y empezó a brincar fuertísimo alrededor nuestro y a empujar por los lados el bote, le daba de frente golpes enérgicos, después se sumergió y los golpes los sentíamos por debajo, no lo podíamos creer quería voltear el bote. Tambo nos dijo que  teníamos que pegarle, no queríamos pero cada vez los golpes eran más fuertes y ella se veía mucho más enojada, eso sin contar con que en el lago también había caimanes, teníamos que alejarla y era la única manera, sino no nos iba a dejar llegar a la orilla. Jess cogió el machete que había y con la parte no afilada le pego varias veces, entonces ella empezó a tratar de subirse al bote, lo intentó tres veces, yo tenía un palo y le pegue para que se bajara, pero nada seguía insistiendo, finalmente salió del lago.

Nos miraba desde la orilla, su mirada daba miedo, estábamos asustados, Tambo nos dijo, tenemos que llegar al borde antes que vuelva a entrar, la mamá tapir nos contemplaba desde tierra firme, pensé donde entre de nuevo va a voltear la canoa. Cuando íbamos llegando se acercó otra vez, Jess cogió el remo y le dio un golpe fuerte que finalmente la alejó. Afortunadamente se quedó quieta y nosotros pudimos llegar, nos bajamos asustados, la tapir que hacía unos cuantos minutos se veía tan dulce, nos había atacado sin piedad. Pasamos por el lado de ella rápidamente y seguimos caminando sin parar, apenas nos miraba, finalmente llegamos al campamento y aunque continuó detrás de nosotros yo creo que ella sabía que por ese día había sido suficiente y no nos iba a molestar más.

Durante la comida les contamos a los otros turistas lo sucedido, no lo podían creer, si se ven tan inofensiva decía una de ellas, en fin, entre risas recordamos el susto previo y seguimos hablando sobre nuestras experiencias en el lugar. Fue maravilloso el contacto con los monos araña, esta especie de micos se diferencia de las otras por tener solo cuatro dedos, no tienen el dedo pulgar, además son bastante ágiles e inteligentes, los que existen en el área han sido reinsertados, así que son muy amigables. También tuvimos la oportunidad de alimentar un mono araña bebé que acababa de llegar al refugio. Lo estaban vendiendo en el mercado de Rurrenabaque, a su mamá la habían matado para comérsela (los indígenas de la zona tiene como ritual comerse a los monos), así que por unos cuantos pesos la remataban cuando la dueña del lugar la encontró y la recuperó. Era muy frágil, estaba asustada, después de unos días ya estaba mejor y tuvimos la oportunidad de cargarla y darle su biberón. Fue una experiencia muy linda, los animales son tan frágiles y el hombre no es consciente de todo el daño que hace con sus acciones.

Después de unos días maravillosos en la selva nos llevamos otro recuerdo, un montón de piquetes de mosquitos y una que otra garrapata que hicieron de las suyas con nuestras piernas y gran parte de nuestro cuerpo, aparentemente el repelente no funcionó.

3 comentarios en “Rurrenabaque, la entrada a la selva boliviana

  1. Gracias por compartir esa bonita experiencia del Amazonas Boliviano, su belleza, su cultura, su fauna ysu flora .Gracias por darnos a conocer estos hermosos lugares.

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  2. Hola, la verdad que América Latina tiene una belleza inconmensurable. Que bella experiencia la de pasar unos días en la selva lejos del mundanal ruido y sumergidos entre la inmensidad de los ríos, la llanura…felicidades!

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  3. Pingback: Reporte del Clima: Juguetón mono araña- Amazonas Boliviano. | La Maleta de Narda

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