Lago Titicaca, la magia de Islas Flotantes por el lado de Perú

Durante años la comunidad de indígenas que decidió asentarse en el lago Titicaca en la bahía de los Uros del lado de Perú no permitieron que la gente que llegaba a visitarlos se quedara en las islas porque no tenían un servicio de hospedaje, cada familia había construido su pequeña casa y este espacio en ocasiones era incluso pequeño para albergar a sus familiares, además no contaban con ningún tipo de comodidad así como instalaciones adecuadas para recibir  turistas. Pero eso ha quedado atrás y desde hace once años una familia que habita en el lago decidió abrir sus puertas y compartir la experiencia de vivir en una isla flotante. Lo que empezó como un gesto de colaboración hacía unos turistas que les solicitaron que los hospedaran, hoy es la idea de negocio de la cual viven no sólo ellos sino otras familias  en las islas de los Uros en el Lago Titicaca.

La familia de Cristina y Víctor vivía en su humilde vivienda y era común para ellos ver la llegada de turistas a las islas que iban y venían. Un día una pareja de Austria quiso vivir la experiencia de quedarse a dormir en las islas flotantes y preguntaron si existía la posibilidad de dormir una noche y  si alguien estaría dispuesto a recibirlos, fue entonces cuando Cristina se animó,  aunque ellos sólo tenían su casa en la que vivían junto con sus dos hijos decidieron compartir su pequeño hogar. Con lo que Víctor y Cristina no contaban era que los extranjeros se quedarían 14 días, ‘fue una locura’, expresó Cristina, pero de esa visita ganaron unos grandes amigos que tiempo después serían los encargados de traer más y más amigos, como los llama Cristina, no turistas, porque son eso amigos que vienen a compartir con ellos su forma de vida.

Es supremamente interesante visitar este lado del Lago Titicaca, aunque en Bolivia también tienen islas flotantes, éstas están adecuadas solamente como restaurantes, la gente no vive en ellas. Para llegar a los Uros lo hicimos por tierra, después de cruzar la frontera entre Bolivia y Perú en lo que se conoce como ‘Desaguadero’ se sigue hacía la ciudad de Puno que es la conexión con las aguas del lago Titicaca.

Debo decir que a medida que vas recorriendo el lago a tan solo quince minutos de la ciudad empiezan a aparecer las islas flotantes con sus bellas construcciones hechas en totora, la planta que brota del fondo del lago y que usan para su creación. Al llegar a la isla de Cristina ella te da la bienvenida junto con su esposo Víctor, el lugar es mágico, las habitaciones son pequeñas viviendas tejidas magistralmente a mano en totora, quedas gratamente sorprendido, por dentro cada una cuenta  con su respectiva cama, dos sillas y una mesita por si deseas pasar un rato dentro de ella, son bastante espaciosas.

Todas las casas en la isla de Cristina son el fruto de once años de trabajo intenso y dedicación.  La zona social ha sido ubicada en el medio de ellas y allí están dispuestas unas cómodas sillas debajo de  unas sombrillas gigantes hechas también en totora, mientras contemplas la espectacular vista se aprecia como todos los detalles del lugar han sido construidos con esta particular planta, los columpios,  el restaurante, la cocina, el baño y en general todo lo que existe en la isla.  Algunos de los adornos del lugar también han sido elaborados por Cristina y su esposo, ellos al igual que el resto de familias que habitan en las islas flotantes fabrican variedad de objetos como alfombras y manteles tejidos y adornos hechos en totora, la artesanía junto con el turismo son  la base de su economía; esta labor la combinan con la pesca y el mantenimiento constante que deben hacer de sus hogares. Se estima que alrededor de 272 familias habitan en esta parte del lago en 87 islas.

Una isla como la de Cristina que es grande en comparación al resto de islas en el lago que cuentan con una o dos casas puede llegar a soportar un total de 300 personas, como lo contó Víctor quién narró que en una ocasión tuvieron este número de invitados porque celebraron un matrimonio.  Según él aunque la gente piensa que se van a hundir, las islas son bastante resistentes y agregó, ese día todos bailaron y a la isla no le sucedió nada.

La clave para que las islas floten está en una raíz de nombre ‘khili’, esta raíz se encuentra  en el fondo del lago en una zona aislada y tiene características similares a la tierra porque permanece compacta, es sólida y se encuentra en forma de bloque. Los lugareños sacan la raíz por partes, los bloques que miden aproximadamente 20 a 30 cm de ancho  los van uniendo, en la mitad de ellos insertan un palo de eucalipto para darle mayor estabilidad y junto con una cuerda de nylon los arman, finalmente cubren los bloques con varias capas de totora y encima de esto construyen sus viviendas.

Detrás del encantó de las islas flotantes está el trabajo duro que se hace cada día. En la isla de Cristina viven cuatro familias, un total de 12 personas que son los encargados de mantener el brillo y belleza dentro de ella. Entre todos se rotan las labores porque como ellos lo expresan es mucho el trabajo que se debe hacer para mantenerlas. Aunque la totora es un material que le da un aspecto especial a todo el lugar, es un elemento vivo que se debe cambiar cada determinado tiempo, su resistencia no es igual al de los materiales que se usan en la construcción cotidiana. Las balsas y barcos sólo duran un año  y en el caso de las viviendas, sus techos deben renovarse cada 6 meses y sus paredes cada año.

El agua es el enemigo de las islas flotantes y la sequía también porque si no hay suficiente agua el lago se seca y la totora que es el principal insumo deja de crecer. Para conservar el lugar tal cual como se ve en las fotografías se requiere un constante mantenimiento que se incrementa en ocasiones, en temporada de lluvias el suelo es cambiado tres veces a diferencia de la época seca en la que solo se hace dos. La serie de capas de totora que se ponen encima de la raíz son renovadas acorde al clima que se presente en el lago.

Pero esto no es un problema para Cristina y Víctor, quienes ahora ven que el sueño que parecía imposible hoy es una realidad. Empezaron con nada y actualmente tienen un complejo de 20 casas y cuentan con todo lo necesario para que la estadía de los turistas sea placentera. Ellos ahora son un ejemplo de lo que se conoce en Perú como turismo comunitario responsable, que busca que la comunidades indígenas ubicadas en zonas de interés turístico se organicen y ofrezcan a los visitantes un lugar en el que aparte de disfrutar de la belleza natural que los rodea tengan la oportunidad de compartir, vivir y entender su estilo de vida.

Es por ello que Cristina y Víctor no tienen como meta que su isla crezca más y recibir muchos amigos, ellos consideran que con el espacio que tienen es suficiente, quieren ahora enseñar y compartir su experiencia con la comunidad. Que el resto de familias que viven en los Uros también tengan la oportunidad de crear espacios para el turismo como el de ellos, que encuentren en esta actividad una opción de empleo que les ayude  y en la que todos participen y se involucren en el negocio, así como lo hacen los dos hijos de Cristina quienes han puesto en práctica los conocimientos de sus carreras profesionales en el sueño de sus padres, la idea que en un comienzo sonó descabellada y que hoy es ejemplo y motivo de orgullo para la islas de los Uros, Puno y el país.

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