El Amazonas en Perú, Colombia y Brasil

En la parte final de nuestra aventura por Sudamérica decidimos volver a Perú, la idea viajar por el río Amazonas desde la ciudad de Iquitos hasta Leticia Colombia. Desde Quito nuestra parada final en Ecuador tomamos un vuelo a Iquitos. Esta ciudad es la entrada al Amazonas y desde allí se pueden hacer los tour para conocer y vivir la selva. Hay varias opciones y paquetes de viaje pero siempre es recomendable asesorarse primero y buscar las agencias reconocidas, aunque hay muchas empresas de turismo no todas cumplen con lo ofrecido o son seguras. Nosotros decidimos buscar un ‘lodge’, estos hospedajes se diferencian de los hoteles y hostales porque están ubicados en lugares no masivos y lejos de las grandes ciudades, en Iquitos si se quiere vivir la experiencia de quedarse al interior de la selva  el lodge es la mejor opción. Otra alternativa es hospedarse en Iquitos y desde la ciudad tomar varios tour cada día para conocer diferentes partes de la Amazonia peruana.

Con un plan de seis días emprendimos nuestra travesía navegando por dos horas en una pequeña lancha hacía las entrañas del Amazonas. Nuestro guía nos dio la bienvenida, su nombre René, nos mostró nuestra habitación y salimos de una vez a explorar un poco los alrededores. Durante nuestra caminata nos contó que durante 20 años había sido cazador, se internaba semanas enteras en la selva a la espera de cazar los animales más apetecidos en el mercado, pero desde que conoció al dueño del lodge él decidió dejar de lado ese oficio y dedicarse a hacer lo que le gusta pero ahora cuidando y protegiendo los animales que lo rodean.

René es un excelente guía, en todas las oportunidades que salimos de expedición siempre está atento a los sonidos, señales y huellas que van dejando los animales, a su lado vimos el primer día siete tipos de monos, pero el momento más lindo fue cuando el mono al que  le llaman ‘leoncito o titi enano’ nos sorprendió y decidió acercarse a nosotros, como su nombre lo indica su carita tiene una expresión como la de un león y es el mas pequeño del mundo, es tan diminuto que lo que sobresale son los pelos parados de su cabeza, así que él primer día cumplí uno de mis sueños ver este clase de mono en su habitad. Fue emocionante tenerlo tan cerca, estaba como a solo tres metros de distancia, según René es una suerte verlos así y es muy cierto, por lo general los monos andan en manadas y siempre brincan de un lado a otro pero en las copas de los árboles y como son super imperativos se deslizan tan rápido entre las ramas que es muy difícil apreciarlos bien. Es por esto que fue una oportunidad única que el pequeño ‘titi’ decidiera aproximarse tanto.

La selva amazónica es enorme, aunque el río Amazonas siempre luce un poco sucio y sus aguas se ven turbias en los alrededores existen lagos y otros afluentes del río que junto con los gigantes árboles que rodean sus aguas embellecen el paisaje, por tramos al recorrer diferentes partes te encuentras con espejos de agua que reflejan todo el rededor. El cielo y el agua se funden formando varias tonalidades de azules que se pierde poco a poco en la densidad del bosque selvático y las plantas acuáticas que crecen por doquier. Nuestra visita es en temporada de invierno y debido a las lluvias el río crece y se expande cubriendo todo de agua, el panorama es diferente y las actividades que se realizan en los alrededores cambian ahora los caminos se recorren en pequeños botes o kayaks, es la única forma de ingresar a la selva en estas condiciones.

A medida que avanzamos más y más en la selva podemos observar que los animales no son agresivos, ni siquiera se acercan, tienes que por el contrario estar muy atento y observar con paciencia todo el espacio para descubrirlos, la realidad es que la mayoría de las especies no están en los lugares que son muy transitados por  la gente. Es por ello que encontrar una culebra, un oso perezoso, un caimán o un lagarto se vuelve todo una odisea, puedes estar horas y horas mirando sin hallar nada.

Lo mismo sucede con los singulares delfines rosados, son bastante esquivos y totalmente impredecibles, cuando menos lo piensas hacen su entrada espectacular, estas en la lancha y de la nada hacen un pequeño salto en frente tuyo, sigues contemplando fijamente esperando a que salga de nuevo y para tu sorpresa después de varios minutos aparece detrás de ti y así va cambiando su ubicación sucesivamente, pero definitivamente si se tiene la oportunidad de divisarlos debo decir que es una experiencia increíble.

En nuestro tercer día de aventura nuestro plan es encontrar un caimán, una de las actividades que esperamos con ansias porque ya habíamos tratado en la selva de Bolivia pero sin ningún resultado, así que aunque un poco incrédulos nos subimos a nuestro bote con la esperanza de ver por fin un caimán.  La observación de este animal se hace siempre de noche, es la hora perfecta para encontrarlos porque es en este momento en el que ellos se asientan en las orillas de los lagos y se pueden divisar gracias al reflejo que dan sus ojos  al contacto con la luz de las linternas.

René va en la parte delantera del bote iluminando con una farola de carro las orillas, nosotros seguimos su rastro con nuestras linternas cuando de pronto vemos los pequeños ojos de un caimán, enseguida René le da la indicación a Edwin nuestro otro compañero de viaje  para que aceleraré la lancha en la dirección que él le indica, de un momento a otro René se lanza encima de la punta del bote e introduce su brazo velozmente en el agua, ambos con mi esposo nos miramos y pensamos, si claro lo atrapó en el primer intento, todos incrédulos esperamos a que  René retome su posición sin resultados pero vaya sorpresa, al voltearse vemos al caimán en sus manos, quedamos sin palabras, se acerca a nosotros y nos explica algunas características del animal y procede a ponerlo en nuestras manos, mi esposo lo coge primero, el miedo se aprecia en su rostro, yo también estoy asustada, aunque el caimán es pequeño porque mide más o menos 60 centímetros es imponente, al tocarlo es un poco desagradable, su piel tiene una textura dura y se siente la fuerza del animal, ahora es mi turno, lo sujeto y le pido a René que me tome una foto pero en ese momento el caimán se mueve muy fuerte, doy un brincó, qué susto, René me dice tranquila, es un bebé no pasa nada, para mi es suficiente así que se lo devuelvo a René, el lo toma en sus manos y lo regresa al lago. Aunque da un poco de susto es un momento especial lleno de adrenalina.

El día que llegamos René nos preguntó por el animal que queríamos ver, en mi caso el sueño estaba cumplido porque era el mono mas pequeño del mundo que lo apreciamos el primer día, pero Jess quería ver una anaconda. Es por esta razón que todos los días René buscaba la culebra para cumplir también el deseo de mi esposo. El quinto día René nos explicó que estaba preocupado porque el nivel del agua aumentaba, así que pensaba que era  más difícil encontrar una parte seca que es la zona en la que normalmente permanecen este tipo de animales, sin embargo, él nos prometía que iba hacer todo lo posible por encontrarla.

Empezamos nuestra caminata en búsqueda de la anaconda, seguimos a René mientras él se habría camino entre los arbustos, con su machete cortaba los árboles que impedían el pasó, como los demás días, René abría su propio camino, paramos a hablar un rato y mi esposo de repente se quedó mirando a mi lado derecho en el piso, observé la expresión de asombro en su rostro, pensé eso no es buena señal y al escuchar sus palabras lo confirmé: ¿Wauu, qué es eso?, de manera instintiva mi reacción fue no mirar y dar un paso adelante con rapidez. Al voltearme y mirar quedé perpleja, una anaconda enroscada estaba al lado de mi pie, les dije ay Dios mío casi la piso, los tres nos miramos sorprendidos pero felices, René le dijo a mi esposo, listo deseo cumplido.

El penúltimo día decidimos acampar en una zona en la que no se tiene acceso a nada, nos internamos en la selva y durante las primeras horas estuvimos buscando más animales, al final de la  tarde llegamos al lugar escogido para instalarnos. René y Edwin pusieron  unas sillas para que nos sentaremos mientras ellos armaban las carpas y organizaban todo para la comida. La vista eran enormes árboles uno detrás de otro, se escuchaba el ruido de los grillos y otros animales, todo iba bien hasta que los mosquitos empezaron a llegar, cada vez eran más y más, yo los sentía zumbar en las orejas, me las cubría pero no era suficiente, había un montón alrededor mío, miraba mis pantalones y los veía acercarse, trataba de alejarlos pero era imposible mientras tanto otros me picaban en los brazos y la espalda, saque mi repelente y me lo puse una y otra vez, pero no  funcionaba, los mosquitos seguían encima, parecían inmunes, nada los alejaba. Empecé a quejarme y los demás me miraban con risa, por supuesto a los únicos que atacaban era a nosotros, René y Edwin estaban como si nada trabajando en lo suyo y los mosquitos ni se les acercaban, era obvio nosotros éramos la carne fresca y nueva que había que aprovechar. No me aguante y tan pronto estuvo la carpa lista me metí de una, ya era de noche, después comer René nos preguntó que si queríamos pescar, yo por supuesto dije que no, no quería ser víctima de nuevo de los mosquitos, Jess le preguntó a René que con qué iban a cazar y él le respondió que con un arpón hecho por el mismo de la manera más rudimentaria como se hace cuando se vive en la selva, sonaba interesante pero yo me quedé leyendo en la carpa, cuando regresaron Jess estaba feliz venía con seis peces en la mano, René me dijo, su esposo es muy buen cazador, los pescó casi todos. Me alegré por él y por mi porque me encanta el pescado y ya teníamos la comida para nuestro desayuno. Al siguiente día, recibí otra sorpresa, René había capturado un caracol y lo estaba cocinando para que lo probáramos, me acerqué de una vez al fuego para ver como lo preparaba y me sentí tan mal, es terrible, el pobre caracol trató de salir porque su caparazón estaba caliente y no podía respirar, pero no pudo porque afuera estaba lleno de llamas, así que vi como inmediatamente se devolvió y al instante  hizo implosión, fue terrible para mi ver eso, le dije a Jess hay no si yo hubiera sabido que era así  le digo a René que lo dejé libre, pero el mal ya estaba hecho así que paso seguido probarlo; es como tener un pedazo de caucho en la boca, no tiene sabor y la textura es bastante desagradable, yo creo que mi cara lo decía todo porque René se rió de mi y me dijo, no le gustó, yo trate de disimular pero finalmente le dije que no. Desayunamos y nos dirigimos al lodge, otros turistas nos preguntaron por la experiencia, yo les expliqué que aparte de los incómodos y desesperantes mosquitos acampar había sido interesante, lo único malo eran los casi 100 piquetes que tenía en todo mi cuerpo.

Nos despidos de la selva peruana y nos dirigimos a Leticia, Colombia, era el momento de conocer la selva en mi país, aunque nosotros tenemos un pedazo de la Amazonia no es tan grande como la parte de Perú y Brasil, sin embargo en Leticia se ofrecen diversos tours para conocer un poco mas este lado. Nuestra primera actividad fue visitar la isla de los micos que es un lugar en el que se pueden apreciar los mono ardilla, nos bajamos de la lancha, al entrar unos señores muy amables nos dieron unos bananos y nos dijeron que eran para los micos. Yo ya había estado en otro momento así que le expliqué a Jess que cuando ingresáramos a la zona donde estaban los micos se le iban a abalanzar para quitarle los bananos y así fue, la verdad  los micos son muy sociables y aunque en un momento puedes tener un montón de micos en tus brazos, cabeza y pecho ellos no son agresivos, lo único que quieren es jugar y comer los bananos, no te atacan o muerden y si lo hacen es de forma delicada. El momento es extraordinario, no se si es por el contacto con los monos o por la situación en general pero no paras de reírte, la verdad es que salimos renovados de la isla. Seguimos nuestro camino hacía el poblado de nombre Puerto Nariño que está ubicado en otra parte del río amazonas y en el que como dato curioso no existe ningún tipo de automotor, recorrimos el pueblo que es bastante pintoresco y terminamos con un delicioso almuerzo con comida típica del lugar. Finalmente y después de unos días de descanso en Leticia nos dirigimos al Amazonas brasileño, la selva en Brasil en muy similar a la de Perú y Colombia y allí ofrecen similares  actividades a los demás.

Este mes en la selva disfrutamos y descubrimos que hay mucho por hacer en el Amazonas,  que en los tres países se da un tipo diferente de comida, faunanaturaleza, los tres son especiales por sus  por sus tradiciones y por el carisma de sus habitantes y todo esto en conjunto para nosotros fue como un nuevo universo. Se aprecian un sinnúmero de particularidades entre ellas que en la selva amazónica existe el pescado más grande de agua dulce del mundo de nombre Pirarucú o situaciones como que la gente come lagartos, tortugas, micos o culebras productos que están a la venta en sus mercados locales al lado de otras carnes comunes como el pollo o la carne. La variedad del Amazonas es infinita y  te sorprende en todos los aspectos, tanto su esplendor natural como las costumbres de sus pueblos son la puerta aun mundo poco conocido pero fascinante.

2 comentarios en “El Amazonas en Perú, Colombia y Brasil

  1. Los comentarios sobre la selva Amazonica son interesantes, su fauna y su flora la belleza de fotos es espectacular.Gracias por compartir esta bonita experiencia..

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  2. Interesante post, una experiencia inolvidable ver en vivo y directo parte de la fauna del Amazonas evitando la tristeza de verlos encerrados en los ZOO. Felicidades por ese viaje!!

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