Despedida Sudamérica

Valle de la Luna Los Dos

Foto: Jess Kraft. Valle de la Luna. Desierto de Atacama, Chile.

Mientras disfruto de la tranquilidad de estar aquí sentada en medio del exuberante mar pacífico pienso en la fortuna que he tenido al tener la oportunidad de viajar durante once meses y descubrir tantos lugares maravillosos que se han ido quedado grabados en mi mente y en mi corazón, ya sea por lo únicos, lo distintos, singulares o por la felicidad y la paz interior que sientes cada día cuando tienes la oportunidad de conocer y conocer sin parar.

Todo esto de la mano de mi gran amor y compañero de vida, de aciertos y desaciertos, de locuras y travesuras, juntos hemos visto también como durante esta travesía nuestro amor ha ido cambiando, transformándose y creciendo de una manera que nunca imaginamos llegar a experimentar  o vivir. Es como si en cada lugar que visitamos se creará un lazo que nutre nuestro amor y durante nuestro recorrido por Sudamerica millones y millones de conexiones se han ido formando y entrelazando con mucha fuerza en nuestro interior.

Como resultado de esta aventura un sinnúmero de impresiones, de momentos, de experiencias, de sentimientos se han ido creando sin darnos cuenta. Y siento que me he sumergido en un océano gigante de placer, gozo y felicidad, respiro a cada momento paz y tranquilidad. Es tan grande lo que se siente adentro que en ocasiones te sobrepasa, te desborda  y adviertes que aunque parezca increíble no puedes albergar mucho más. Cada ruta es un nuevo aprendizaje interior, cada camino es un crecer y entender muchos aspectos de la realidad, cada trayecto es emprender un nuevo desafío en el que no sabes como terminará, sólo esperas seguir llenando tu mente y tu alma con una vivencia más.

Hay instantes en los que tu mente se queda en blanco, la saturación de imagines y percepciones es tan enorme que no puedes pensar en nada más. Sólo permaneces estático y te dejas llevar y entiendes que tu vida de repente se volvió un barco que navega y navega sin parar, no hay puertos, no hay un lugar para desembarcar, porque simplemente no quieres que tu vida deje de ser ese  viaje constante que no termine jamas.

Cuando viajas te liberas de un montón de cargas que haz ido adquiriendo durante toda tu vida y empiezas a descubrir que lo que en otro momento lo era todo para ti en realidad no tenían ningún tipo de valor o sentido real, todo cambia cuando te das cuenta que simplemente puedes vivir y disfrutar, que hay diferentes maneras de aprender, que hay formas más simples de existir y que nos hemos metalizado y convertido en maquinas predestinadas y diseñadas dentro de un sistema que nos ha destinado a obedecer.

Al viajar rompes todas esas cadenas que la sociedad te ha impuesto en su plan y estructura perfecta de control. Todo lo que en otro momento pensaste que era fundamental, ya no lo es, porque en definitiva siempre estás queriendo solo un sinnúmero de objetos y cosas que en ocasiones ni siquiera puedes disfrutar o llegar realmente a utilizar. Es por ello que sigo mi ruta en esta vida llamada viajar y cada día siento que no quiero regresar a la cotidianidad.

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